Historias reales, ficciones con historia.

17.9.09

El Panteón de los hombres dispersos

La muerte consigue dotar de tranquilidad y reposo al fallecido, a no ser que éste sea considerado “de especial relevancia para la historia”, en ese caso, su vida eterna será un continuo ir y venir...




De 1837 data el primer proyecto de las Cortes españolas para financiar un Panteón Nacional, un espacio común donde albergar los restos de todos los personajes destacados de la historia. El lugar elegido fue la Basílica de San Francisco el Grande, edificio propiedad del Estado. 
Durante años se buscó a Cervantes, Velázquez, Tirso de Molina, Lope de Vega y otros, pero fueron dados por “desaparecidos”, al no encontrarse sus tumbas. 

Cuando al fin se inauguró el Panteón Nacional era el año 1869. Para el estreno estaban presentes las sepulturas de Juan de Mena, Garcilaso de la Vega, El Gran Capitán, Quevedo y Calderón de la Barca entre otros. Todo parecía perfecto hasta que cinco años después, el gobierno de turno decidió cerrar el Panteón. Los restos ilustres que allí habían sido trasladados, fueron devueltos a sus lugares de origen.

Años después, en 1890, otra vez se volvió a la idea del Panteón, pero ahora como residencia final de los llamados Hombres Ilustres. Se decidió construir un edificio para tal fin en el Cuartel de Inválidos, antiguo Convento de Atocha. En 1901 se trasladaron a él los enterramientos que había en el Cuartel de Inválidos, en concreto fueron: José de Palafox, Francisco Castaños, Juan Prim, Antonio Ríos Rosas y Manuel Gutiérrez de la Concha, Marqués del Duero.

Más tarde se sumarían los cuerpos de los políticos Antonio Canovas del Castillo, Práxedes Mateo Sagasta, José Canalejas y Eduardo Dato. En el patio del edificio se construyó un monumento funerario dedicado a la Libertad y en él se enterró a seis destacados personajes de las Cortes de Cádiz. En total 15 Hombres Ilustres.

Una vez pasada la euforia de la inauguración, el Panteón cayó en el olvido y los restos de algunos de estos personajes se fueron sacando de allí al ser reclamados por sus localidades de origen, permaneciendo el edificio cerrado y abandonado durante décadas. Lo normal, tratándose de éste país.

En los ochenta por fin se restauró el edificio y se abrió al público. Hoy en día se puede visitar de forma gratuita. El Panteón de los Muertos Ilustres -dispersos-, toda una experiencia que es mejor disfrutar en esta vida, porque de la otra es mejor no hablar.


Más datos en:
http://www.madridhistorico.com/seccion7_enciclopedia/index_enciclopedia.php?id=P&idinformacion=561&pag=6

http://es.wikipedia.org/wiki/Pante%C3%B3n_de_Hombres_Ilustres

Leer en Refugio de historias.


4 comentarios:

  1. Hola Carlos, me gusta mucho este tu blog te he puesto un enlace en mi página web que hay muchos adictos a la buena lirica. me gusta el artículo y el título que le has dado, continuare leyendo. Un abrazo. Yavy

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  2. Hay que decir, Carlos, que el Panteón de Hombres Ilustres acepta, desde hace años, al menos a dos mujeres: la escritora Rosa Chacel y la filósofa María Zambrano. ¿Sabes si también figura la traductora Consuelo Berges? Eso ya quizá es para nota. Me apunto, con Yavy, a tu blog.

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  3. Hola Elvira, tengo que decirte que tu comentario me dejó desconcertado. Pero mi tardanza en responderte se debe a que he tenido que ir personalmente al panteón para comprobar uno por uno los nombres de los que están allí y he descubierto que hay menos de los que yo señalaba, no están ni Palafox, ni Castaños, ni Prim.
    Al revisar los nombres, tampoco he encontrado ni rastro de Rosa Chacel, María Zambrano, ni de Consuelo Berges. Me pongo en contacto contigo, contrastamos las fuentes y resolvemos. Un saludo

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  4. Pues tus fuentes son mejores que las mías, que son de oído. Seguramente, se habló de ello pero no se llevó a cabo. ¿Conoces a Nieves Concostrina? Comenta cosas de muertos ilustres con gran sentido del humor en Radio Nacional.

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