Historias reales, ficciones con historia.

8.3.11

Riofrío, el palacio triste

Un palacio no debe ser un lugar triste, los palacios deben cumplir los sueños y las ambiciones de la historia, sin embargo en Riofrío hay un Palacio Triste...





Un palacio no debería ser triste, debería estar construido para cumplir los caprichos y demostrar el poder de su propietario. Por eso, la tristeza de un palacio sólo puede llegar de la mano de las personas que lo habitan, o de las que se niegan a hacerlo.
El palacio de la Granja es, por ejemplo, un lugar alegre, un espacio alejado de la corte donde sus habitantes siempre se han dedicado a vivir sin límites y disfrutar del poder. Sin embargo, de allí mismo nació la necesidad de construir uno de los lugares palaciegos más tristes y olvidados, el palacio de Riofrío.
A poca distancia de La Granja está el coto de Riofrío, un bosque donde Felipe V solía ir a cazar y que seguramente conocían su hijo Fernando y su nueva mujer Isabel de Farnesio, dos enemigos irreconciliables llamados a enfrentarse en cuanto el primer Borbón faltara.
 El coto de Riofrío está entre La Losa y La Nava de Riofrío, un paisaje difícil y alejado del poder y de las modas de la época. La tierra que lo rodea es de la llamada de nava, con largos prados de fresno y sauces que rezuman agua en invierno convirtiendo el suelo en pantanoso. El clima es frío y seco, propio de la Sierra de Guadarrama, pero la zona está al abrigo de la montaña de la Mujer Muerta.La población en el siglo XVIII estaba en franca decadencia, descendiendo el número de habitantes en una cuarta parte, con respecto a un par de siglos atrás. La causa no estaba tanto en la emigración, como en una alta tasa de mortalidad, provocada por la crisis textil y ganadera. A la muerte de Felipe V en 1746, Isabel de Farnesio es ‘invitada’ por el nuevo rey, Fernando VI, a dejar La Granja y trasladarse junto con sus hijos, hermanastros del rey, a los terrenos del coto de Riofrío, comprados por el nuevo monarca para que Isabel construya allí su residencia.
El rey otorga a su madrastra plena jurisdicción civil y criminal sobre la finca y sus habitantes y pone a su disposición todo el capital necesario para construir un palacio que esté a la altura de la bisnieta de Margarita de Médicis. Pero la descendiente de aquellos grandes mecenas es una  mujer acostumbrada al poder, viuda de uno de los reyes más poderosos del mundo y rodeada por un ejército de cortesanos aduladores. Para ella vivir en aquel bosque y gobernar a su población debía ser lo más parecido al infierno en la tierra.En 1751 se empieza a construir el palacio de Riofrío con todo lujo de detalles, pero con la tristeza de ser un proyecto odiado y despreciado por su propietaria. Isabel le encarga la obra al arquitecto italiano Virgilio Rabaglio con la consigna de copiar el diseño del Palacio Real de Madrid que está en plena obra. Los trabajos son lentos y costosos, por deseo de la viuda del antiguo rey, que no está dispuesta a dejar La Granja.
El rey Fernando VI fue admirado y querido en su tiempo y se le llamó El Prudente, pero su recuerdo ha quedado casi borrado de la historia, en parte gracias a la labor de su enemiga. La rivalidad con Isabel de Farnesio fue tan intensa como el amor por su mujer, la princesa portuguesa Bárbara de Braganza.
La enfermedad y muerte de Bárbara en 1758 dejó al rey al margen de la realidad y dicen que murió de locura al año siguiente.El derecho sucesorio recayó entonces en su hermanastro Carlos, hijo mayor de Isabel de Farnesio. Ésta como nueva reina madre tomó dos decisiones que afectarían al palacio de Riofrío que en aquel momento estaba a punto de ser concluido. En primer lugar ordenó que se terminara su construcción con materiales de baja calidad que no supusieran un gasto a la Corona. La segunda decisión fue cerrar el palacio una vez finalizado y olvidar su existencia y el prometedor futuro de la zona si lo hubiera habitado.
Pero Isabel no pudo burlar su destino, su ansia de poder la llevó a enfrentarse con la mujer de su hijo Carlos y éste mandó a su madre lejos de la corte y de La Granja, los lugares que más había deseado.
  Durante un siglo el Triste Palacio de Riofrío estuvo olvidado por unos reyes que de tanto poder no veían el cambio de los tiempos y el Imperio donde no se ponía el Sol ahora era un lugar oscuro y sombrío. Los Borbones miraban al pasado sin imaginar que Riofrío iba a cruzarse otra vez con ellos.
De nuevo una mujer, de nombre Isabel II, iba a decidir el futuro de Riofrío. Fue nombrada reina a los tres años, con trece ya decidieron que era mayor de edad y responsable de sus actos. Sin embargo, poco después se casó con quien más despreciaba, su primo Francisco de Asís de Borbón.
La boda se celebra el 10 de octubre de 1846 en la Capilla del Palacio Real, conjuntamente con la de su hermana Luisa Fernanda y Antonio de Orleáns, Duque de Montpesier, cuya futura hija conquistará la razón de un hijo de Isabel.
El marido de la reina recibió los títulos de Rey Consorte y Capitán General de los Ejércitos, pero tantos honores no le ayudaron para conquistar a su esposa, quizá porque en su noche de bodas él llevaba más ‘puntillas’ que ella.De los doce embarazos reconocidos por Isabel, tal vez en uno de ellos llevara genes de su consorte, algo que no pasaba desapercibido en un país pobre y arruinado cuya reina sólo se dedicaba a tomar decisiones de alcoba. Una de ellas fue la de alejar a su marido de la corte, quizá para que no viera lo que ella hacía, o tal vez para no ver a lo que él se dedicaba.La reina decidió borrar de su vida a un rey que sólo lo era de forma honoraria y lo mandó a Riofrío, un triste destino para un singular palacio que ejercía por primera vez de residencia-exilio, el fin para el que fue construido...En el Palacio Triste vivió uno de los reyes con menos poder que se recuerda, hijo del infante Don Francisco de Paula, instigador involuntario del dos de mayo.
Francisco de Asís disfrutó del silencio del bosque de Riofrío y éste mantuvo sus secretos alejados de la corte, pero no se debe gozar del poder en un país donde no hay futuro.En 1868 la reina y su consorte tuvieron que huir, la dinastía que había llegado para regir un Imperio, marchaba dejando tras de sí un lugar abandonado a su odio, empobrecido y sin esperanzas, como el bosque de Riofrío que volvía a quedar deshabitado.Ya en el exilio, Isabel y Francisco, se separaron legalmente sin saber que la relación de los Borbones con el Palacio Triste no había terminado. Éste esperaba tranquilo en la oscuridad del bosque, a los pies de la montaña de la Mujer Muerta, deseando quizá que ésta falleciera, fuera quien fuera.
 La monarquía volvió de la mano de Alfonso XII, probable hijo de un Teniente de Ingenieros y de Isabel II, que no pudo regresar del exilio francés, su odiado recuerdo lo impedía. Su ex marido se supone que tampoco pudo volver al único lugar donde había reinado: el palacio del bosque de Riofrío.Los que sí volvieron del otro lado de los Pirineos fueron los Duques de Montpesier y consiguieron que su hija María de las Mercedes enamorara al nuevo rey, sin saber que ese amor lo llevaría al Palacio Triste.La antigua reina, desde su exilio, intentó impedir el amor, pero también fracasó y aumentó el odio hacia su recuerdo.
Alfonso XII se casó con María de las Mercedes en enero de 1878 y enviudó el 26 de junio del mismo año. Seis meses de amor y agonía que le llevaron al borde de la locura. Al igual que aquel antepasado que obligó a su cuarta abuela a construir el palacio de Riofrío.El fallecimiento de María de las Mercedes obligó al rey a buscar un lugar solitario y perdido donde olvidar las presiones de la corte y poder abandonarse a su propio dolor. El Palacio Triste recibió al rey con alegría fúnebre, la muerte significaba la vida del palacio.Durante meses Riofrío fue residencia real por primera vez y el palacio se dejó transformar a capricho del rey, cambió habitaciones, instaló comodidades y lujos modernos, pero respetó la pobreza de sus suelos y la tristeza de sus paredes.
El recuerdo de la mujer muerta se quedó permanentemente en el Palacio Triste y Alfonso asumió que su destino ya no tenía futuro, tal vez, por eso decidió cumplir con las únicas misiones a las que un rey de su tiempo estaba obligado y abandonó el palacio del bosque de Riofrío.Alfonso XII se casó de nuevo en noviembre del mismo 1878 y se buscó una amante, pero dicen que ya nunca se pudo librar del halo de tristeza y soledad que le llevó a buscar desesperadamente la muerte.
La tuberculosis cumplió su deseo en 1885, dejando tras de sí tres hijos de su segunda esposa y dos de su amante.En el palacio de Riofrío quedó la huella de su paso, pero nadie la pudo reconocer en un país convulso y triste que se quedaba sin aliento a cada momento, una tierra que como la de Riofrío quedó olvidada y sin esperanza.
 En los años sesenta del pasado siglo, la dictadura lo convirtió en Museo de Caza. Un destino no demasiado ilustre, pero gracias al cual el Palacio se mantiene abierto y en contacto con un público que siempre queda sobrecogido al respirar la tristeza de sus muros.

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