EL VIRUS DEL MIEDO


El miedo es una enfermedad, es como un virus, que se contagia de forma instantánea y no existe, ni existirá, vacuna que prevenga el miedo, porque tememos lo que no conocemos.   


Todas las personas de este planeta estamos afectados por el miedo, pero ¿es un miedo real o es imaginario? Puede que se trate de las dos cosas. En una sociedad tan acomodada, tan infantilizada y tan saturada de ficción como la que teníamos es muy difícil distinguir entre lo real y lo imaginario.

Las noticias (verdaderas o falsas) se encargan de transformar el miedo abstracto en algo real, vemos el numero de afectados subir cada día, vemos cómo los fallecidos se incrementan, nos enteramos de amigos y vecinos que se han contagiado, y nuestro enemigo ya no es un virus invisible, no, nuestro peor enemigo es nuestro vecino, o ese señor anónimo que ha salido a la calle, o aquella señora que estornuda en el supermercado… 

Pero hay remedio. Hay que asumir la realidad, sólo con la realidad podremos vencer al miedo y volver a ser libres, aunque ya nunca más volvamos a ser como éramos. 

La vida no es perfecta, ni tampoco somos inmortales, no, somos muy pequeños e indefensos en mitad de un universo que no conocemos. Estamos obligados a olvidar las fantasías y los sueños irreales, somos personas y tenemos que esforzarnos cada día por vivir y luchar por nuestras vidas y por las de los que nos rodean. Porque los que están junto a nosotros no son enemigos. Una persona sola es vulnerable, nuestra fuerza está en el grupo, en la comunidad, y por eso tenemos que aceptarnos y respetarnos todos.


La realidad es la única cura contra el miedo, y está en nosotros, en nuestro cerebro, por eso, tenemos que asumir que ya nada será como era, porque todo ha cambiado. Tenemos que estar unidos para sobrevivir en el futuro, igual que tuvieron que hacerlo nuestros antepasados. Y más nos vale aceptar esta realidad y curarnos del miedo, porque sino lo hacemos rápido estamos en riesgo de contraer una enfermedad aún peor: el odio.
El miedo y el odio juntos, siempre han estado presentes en las mayores y más despiadadas catástrofes de la humanidad, pero aún podemos evitarlo.