MENORES


Vivimos una extraña dualidad con nuestros menores y es que, al ser víctimas colaterales de esta crisis sanitaria, les dejamos hacer lo que más les gusta, aún sabiendo que puede ser lo peor para su futuro…

Han pasado cuarenta y cinco días en casa sin salir a la calle, una barbaridad para su crecimiento, pero, en algunos casos, cuando llegó el momento de poder salir, no les apetecía, y era comprensible.
Están todo el día fijando la vista en ordenadores, tabletas o móviles y sabemos que es dañino para sus ojos, pero no podemos decirles que no lo hagan, porque esa es su única forma de aprender, o de relacionarse.
No poder jugar con otros niños de forma física y presencial es una aberración que les podría ocasionar problemas futuros, pero es lo único que se nos ocurre para protegerles del virus...

Nacimos y crecimos como hijos consentidos, porque nuestros padres o abuelos pasaron una niñez difícil, y ahora que creíamos que lo teníamos todo, nuestros hijos han perdido hasta el derecho a jugar.

Estamos en un tiempo lleno de paradojas.