HERIDA

 


En este país tenemos una herida abierta que se llama "guerra civil" y para curar una herida, cualquier herida, es necesario poner en ella atención, cuidados y mucha comprensión.

La guerra civil, como su nombre indica, fue un conflicto bélico entre iguales, los dos bandos decían defender lo mismo, a España, pero los dos se dedicaban a destruirla. Evidentemente un bando ganó y el otro perdió (como en todas las guerras) y eso tuvo consecuencias, pero eso no significa que unos fueran buenos y otros malos, porque la guerra civil española, como cada vez tenemos más claro, fue un ensayo para la segunda guerra mundial y las distintas potencias internacionales estuvieron encantadas de que un país estuviera dispuesto a sacrificarse para que ellos pudieran medir sus fuerzas y probar sus nuevos armamentos. Por eso, cada vez que en España volvemos sobre el discurso de buenos y malos solo conseguimos fomentar odios innecesarios. 

Nosotros, los habitantes actuales de este país, somos a la vez los buenos y los malos, porque nuestros antepasados fueron tanto unos como otros y no me refiero a ningún bando en concreto, si no a los dos. 

En el continuo debate de culpables e inocentes, provocadores y provocados solo encontraremos motivos para enfrentarnos de nuevo, y si algo nos enseña la historia es a no caer en los mismos errores, y menos ahora que parece que el mundo se prepara para un nuevo conflicto internacional. 

En el siglo XX España sufrió una guerra civil, pero es que en el siglo XIX sufrimos tres, y la pregunta que todos debemos responder es: ¿cuántas guerras civiles queremos tener en el siglo XXI? 

Espero que ninguna, pero para conseguirlo tenemos que curar heridas y no seguir infectándolas con odio. Es urgente analizar de forma imparcial los motivos que nos llevaron a la última guerra civil y empezar a evitarlos de cara al futuro y ese ejercicio es tarea de todos.

*Imagen de Belchite en la web de turismodearagon